viernes, 16 de noviembre de 2012

Tengo ganas de ti.



Es el momento de escribirte lo que nunca fui capaz de decirte, aunque sea tarde, escribir lo que ha sucedido en una carta que no te voy a mandar. Que no vas a recibir nunca. Que como tu me enseñaste, cuando acabe de escribirla la quemaré, los sentimientos se pondrán a arder, y ese dolor, cómo era... Ah sí, ese dolor no se te queda tan dentro. Esta vez solo quiero ser claro, sería un imbécil si no gritara que me he equivocado, desde el principio, contigo. He intentado avanzar sin apartar antes las cosas que lo impedían, agarrado al pasado, mirando para atrás, queriendo olvidar pero sin parar de recordar, empeñado en quedarme ahí. Qué locura no? En medio de hn lado y del otro, sin perdonar, sin perdonarme, sin avanzar. 
Dónde está el secreto del futuro? Puede que esté en fijarse bien, en avanzar, mirar más cerca. Más. Tan cerca que lo borroso se vuelve nítido, se vuelve claro. Solo hay que dejar que las cosas pasen. Y ahora lo tendría claro. Aunque ya no depende de mí.



Bienvenido a la realidad;)


12 de Jul a las 19:27

Que conmigo no llegarás a tres metros sobre el cielo, ni siquiera llegaras a rozarlo, tampoco vamos a estar juntos en un barco y darnos el beso de "Titanic" y, por supuesto, yo no dejaría mi vida por ti como hizo Bella por Edward. Esto no se parece al cuento de La Bella Durmiente y, probablemente, no acabe con un fueron felices y comieron perdices y tampoco voy a escribir nuestra historia en un diario para cuando pierda la memoria alguien me lo lea como hizo Noa, no sería capaz de enamorarte cada día como en 50 primeras citas, ni siquiera aguantaria 3, que todo eso son sólo películas, bienvenido a la realidad cariño

La vida pasa, y nosotros con ella.

Yo también pienso que la vida era más fácil cuando tu mayor pena era no tener la muñeca que tanto querías, cuando tu mayor problema era que te hubiesen pillado jugando al pilla-pilla, cuando jugar al escondite nos podía mantener felizmente ocupados durante horas y solo llorábamos desconsolados cuando el globo que nos compraron en la feria se nos escapo de las manos y se iba volando por el cielo. Cuando los verdaderos amigos eran aquellos que en el juego decían ''por mi y todos mis compañeros'' y los amigos falsos eran los que no te invitaban a su fiesta de cumpleaños. Sí, de esa manera si se podía vivir pero al crecer descubres nuevos problemas. Descubres las caídas dolorosas, que las cosas no se solucionan con un practico ''pinto pinto gorgorito'' y que los ''a que no eres capaz'' ya no sirven para enfrentarte a las cosas. Resulta que al crecer lo ves todo diferente, todo ha cambiado y entonces decides aprender a vivir pero te das cuenta de que no se puede aprender algo así, de que se trata de improvisar, de acertar y equivocarte, de fijarte en los pequeños detalles para cada día hacerte más grande y soportar todos los golpes que son los únicos que te harán más fuerte para superar día a día los obstáculos de la vida.

El juego del amor.

Cómo dos niños pequeños, ¿jugamos? Es muy fácil, te explico.
Yo tengo un corazón y te lo paso a ti. Juntos, tenemos que hacer que crezca ¿Sabes cómo? con confianza, alegría, ilusión. Cuando el corazón tenga un tamaño considerable, tenemos que colorearlo rojo, muy rojo ¿Sabes cómo? Con caricias, abrazos, besos. Llegado a este punto, sólo tenemos que pasárnoslo sin que toque el suelo. Cada vez habrá más distancia entre nosotros, así cada vez será más difícil cogerlo. ¿Qué pasa si toca el suelo? Que duele.

Inevitable.

Es inevitable, las cosas cambian. El verano se termina y da paso a un invierno frío que te quiebra los labios y te empalidece la piel. La ropa se queda pequeña, las modas pasan de moda de temporada en temporada. Y tú, acabas madurando. Tan triste como cierto. Cuando somos pequeños, creemos que todo es posible, y queremos crecer, porque tenemos un mundo por descubrir; inocentes, el mundo cómo todo en esta vida, nos da una de cal y otra de arena. Un disgusto que equilibra la balanza de la felicidad. Los desengaños y las traiciones están a la orden del día. Si algo está claro, es que o comes, o te comen; y aunque seas de los que comen, no podrás evitar llevarte algún mordisco. Todo acierto lleva un montón de errores a su espalda, y no toda batalla está ganada. Hay cartas que no llegan a su destino, y trenes que pasan sin que te des cuenta. La vida es como una carrera bajo la lluvia, no solo tienes que preocuparte por ganar, si no por no resbalarte y caerte. Y en definitiva, todo acaba cambiando, hay cosas que solo pasan una vez en la vida, y hay errores que aunque quieras, no volverás a cometer. Es jodido, pero hay oportunidades únicas en la vida, y aunque en el momento no te des cuenta puede, que jugar con fuego, acabe quemándote. Nada estable, nada es para siempre, y el infinito, es un ocho tumbado, porque está muerto.